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Imagen: https://www.datasketch.co/p/tras-los-datos-de-don-quijote-de-la-mancha |
El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha es uno de los libros más importantes de la literatura universal, y por supuesto, el más emblemático para la lengua española. De hecho mucha gente cree que es un libro demasiado complicado, con un español que no se puede entender. Pero la realidad es que, si bien hay muchos arcaísmos, el no querer aproximarse a la novela de Cervantes sólo por estas razones, hace que la gente se pierda de un memorable viaje.
En una entrada no podría profundizar, ya que hay muchísimos aspectos del libro que ya se han analizado a lo largo de la historia. Más bien me gustaría comentar cómo fue que me acerqué al libro y lo mucho que me divertí mientras lo volvía a leer. Como en las películas modernas de super héroes, el inicio de la novela nos muestra ese "descubrimiento de poderes".
Lectura universitaria
En la carrera de Letras había una materia que se llamaba "Análisis del Quijote". Estaba colocada para semestres más adelante, no recuerdo si a partir de sexto, cuando ya vas a la mitad del camino. De algún modo era motivador ya que uno decía: "Órale, hay un materia completa dedicada al libro que se considera el más importante de nuestra lengua".
Ahora bien, en mis tiempos más ignorantes, yo rehuía un poco al Quijote ya que recibía demasiados elogios. Tenía duda sobre si era tan grandiosa como la pintaban. De hecho cuando era niño vi una serie animada que se llamaba "Don Coyote y Sancho Panda". Y luego, a señores flacos y altos, de movimientos cómicos, yo solía apodarles "Quijote" cuando los veía en la calle.
Ya estando en la licenciatura obviamente mi panorama literario se amplió. Lo cual era también una de las razones por las que decidí seguir esa carrera. Me gustaba la lectura, pero, como siempre recordamos a Sócrates, yo sabía que no sabía nada. Así que entrar a Letras sería lo mejor (más las materias de lingüística).
Pero luego de este desvío, seguiré con el tema del Quijote. La manera de conducir la clase por parte de la profesora, que se supone que tiene un doctorado en no sé qué, fue bastante lamentable. Irma Angélica se llamaba, de cuyo apellido no puedo ni me quiero acordar 😁😉. Y no es querer echarle tierra a la maestra, simplemente considero que para tener ese alto grado académico, yo esperaba algo significativo. Más cuando todo el semestre trataba de UNA sola obra, y esa obra era Don Quijote.
Entonces, el que cada alumno expusiera un capítulo, arreglándoselas como pudiera, sin una línea a seguir para analizar esta obra cumbre, bajó un poco mis ánimos por la experiencia de leerla. Peor cuando vimos la segunda parte casi a las carreras.
En fin que sinceramente en esa oportunidad de la carrera, no terminé la lectura del libro. Cuando empecé a leerlo me estaba divirtiendo tanto, que estar viendo a las carreras los capítulos, sin una guía, sin consejos de aproximación, me parecía un desperdicio. Así pues, todo se hizo someramente. De hecho la segunda parte no la quise leer a propósito. Mi objetivo era en algún punto volver a leer la novela de Cervantes, con atención por supuesto, y posteriormente pasar a ese segundo tomo.
En fin que sinceramente en esa oportunidad de la carrera, no terminé la lectura del libro. Cuando empecé a leerlo me estaba divirtiendo tanto, que estar viendo a las carreras los capítulos, sin una guía, sin consejos de aproximación, me parecía un desperdicio. Así pues, todo se hizo someramente. De hecho la segunda parte no la quise leer a propósito. Mi objetivo era en algún punto volver a leer la novela de Cervantes, con atención por supuesto, y posteriormente pasar a ese segundo tomo.
Lectura posterior. Viene la diversión
Hace alrededor de tres semanas (si no es que más) decidí volver a leer este libro. La diversión abunda, sin caer en hipérbole. La lectura es muy amena y, como ya mencioné anteriormente, los arcaísmos no te detienen. Incluso son estos los que acentúan la locura del Quijote, ya que los mismos personajes (contemporáneos en el tiempo referencial histórico) a veces no le entienden o bien, se sorprenden de la manera peculiar que el Quijote emplea en su expresión oral.
Esto es porque el señor de alrededor de 50 años, se dedicó a leer una gran cantidad de novelas de caballería, en las cuales la figura del Caballero hablaba y se conducía con mucha propiedad. Además de que, obviamente, estos libros fueron escritos mucho antes de que el Quijote los leyera y por consiguiente tenían otro tipo de español.
En fin que todo lo que hace y dice nuestro protagonista, más los diálogos que entabla con otros personajes o las historias que le son contadas, son perfectamente entendibles. Mi lectura fue en las mañanas, mientras viajaba en el camión que me lleva a donde por ahora trabajo.
No voy a mentir. Solté risas en algunos de esos viajes. La verdad es que hay muchos episodios donde es inevitable sentir el humor que la narración pone a las grescas del "Caballero de la triste figura". Vomitarle encima a Sancho, perder los dientes por una pedrada, no poder dormir y sólo gemir a ojo pelón después de una golpiza que le dieron unos peregrinos...
Entre que sientes lástima por él, por su escuálido corcel y su poco agresivo escudero, también llega el punto en que tienen ciertos toques caricaturescos y son tiernos los resentimientos. Por ejemplo el que Sancho no deje de recordar que lo mantearon y que el mismo Quijote le hace una observación sobre que se pasa de rencoroso.
Luego, es divertido cómo el mismo Quijote se fabrica su amor por Aldonza Lorenzo, a quien rebautiza como la sin par Dulcinea del Toboso por parecerle un nombre más propio para la musa en quien encomendará sus favores y hazañas: su fermosa doncella a quien jamás se le encontrará igual en cuanto a belleza y cualidades.
Incluso Don Quijote pasó unos días en la sierra por igualar las hazañas de un famoso caballero enamorado y dedicar su, por llamarla de algún modo, huelga de hambre a Dulcinea. Sufrir por ella, demostrar que está dispuesto a llegar al borde de la muerte por ese amor incontenible. Permanecer sin ropa para que su cuerpo reciba los daños de la intemperie... El Quijote sólo sueña, se hace un amor platónico de alguien a quien sólo una vez había visto y casi ni le prestó atención.
Y claro, no hay que dejar de mencionar que las "novelas" (llamadas así dentro del libro) que otros personajes cuentan, como la de El curioso impertinente o la de El cautivo, funcionan a manera de entremeses, como también lo haría el teatro. Pausan la historia principal y nos trasladan a otros espacios. Algo parecido a lo que aparece en Los novios de Manzoni.
Además, uno puede darse cuenta de las bases que la novela dejaba para las corrientes que vendrían dos siglos después, el naturalismo y realismo, gracias a la descripción de paisajes y las actividades de los pueblerinos.
Personaje ejemplar
Fuera de esto, don Quijote es un personaje inspirador. Él no se siente loco, sino simplemente quiso seguir su sueño. Las novelas de caballería, "sus mentirosos libros" dice nuestro narrador, lo inspiraron a tener aventuras, a buscar el bien de sus semejantes: ya sea por hechos heroicos, batallas campales grandísimas contra vacas o mediante discursos que obviamente pueden trascender y ser el propio Cervantes quien los pronuncia. Como aquél sobre las armas y las Letras.
De hecho en la novela se llega a hacer mención a que los personajes lo tendrían por un hombre de gran raciocinio, un sabio, si se dejara de lado la locura por creerse un caballero. Alonso Quijano era un señor respetado en La Mancha, pero ese deseo de hacer algo más, debería ser inspirador para las personas.
A los 50 años, cuando se puede pensar que ya tienes poco por dar, Alonso decide armarse caballero. Decide seguir algo que tanto disfrutó leyendo en sus libros. Es decir, no va a buscar ser lo que los demás esperan que sea, sino algo que le llene, que le haga sentir adrenalina y verdaderamente vivo. A pesar de su fracaso en su primera salida, no se rinde y decidió salir de nuevo. Y es a partir de esa segunda salida que empezó a crear su leyenda.
Y claro, no es esa historia donde todo sale perfectamente. No se vuelve un rey dirigiendo un ejército más miles de súbditos. Su pequeño éxito es su propia metáfora. Seguramente, así como él engrandecía sus victorias y veía un gran trofeo en una bacinica de barbero, su andanza en las afueras de La Mancha sería para él la realización de su vida, de sentirse el caballero más famoso de la historia.