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Nuestros sueños deshechos se representan en Madame Bovary

Madame Bovary paseando
By Composition of Alfred de Richemont (1857-1911) engraved by Charles Chessa [Public domain], via Wikimedia Commons

El título de esta entrada es resultado de las palabras que vinieron a mi mente conforme llegaba al nudo de la narración de esta novela. Madame Bovary, novela escrita por el francés Gustave Flaubert, es un ejemplo de la corriente realista que le hacía frente a los sueños del Romanticismo.

Breve contexto de la obra

Madame Bovary es una novela escrita en el siglo XIX, la cual es considerada como la primer obra narrativa de corte realista. Cabe recordar que hay tres corrientes que conviven en transición desde el siglo XVIII hacia poco después de la mitad del XIX: Romanticismo, Realismo y Naturalismo (este último es considerado también consecuencia del segundo).
Pues bien, para decirlo de manera breve, si el Romanticismo era todo pasión, una exaltación de todos los sentimientos (no sólo el amor), el Realismo vendría a decir: tranquilos, que por andar de soñadores estamos perdiendo el suelo y la razón de nuestro presente. Esto claramente bajo la influencia del Positivismo, (Comte, siglo XIX) que planteaba conocer la verdad fríamente, por medio de la experiencia y no por meros ideales.
Si lo aplicamos a lo que sería el Realismo, digamos que de manera literal no había lugar para una exageración de los sueños, de la felicidad, de la amargura. Había que pintar el mundo tal y como lo veíamos, de ahí que en varios pasajes de Madame Bovary los hechos cotidianos, las actividades campestres, o los lujos de la socialité en Paris no eran excesivamente adornados, sino que se trataba de describirlos tal cual eran. 
Incluso el Naturalismo, que viene a ser una subcorriente del Realismo, era más un pretexto para la sagacidad y toque de observación de los escritores. Es decir, en varias novelas o cuentos podíamos encontrar párrafos y párrafos que nos describían con lujo de detalle el paisaje o lugares donde se encontraban los personajes. También se tocaba el tema de la predestinación, el cual ya traté un poco en mi aporte sobre Santa del mexicano Gamboa. 

Emma Bovary como el Romanticismo vs la realidad

Pues bien, sin entrar en detalles de la trama para no arruinar la experiencia de lectura, sólo mencionaré que Emma Bovary tenía una fe ciega en el amor antes de casarse. Es de origen campesino, pero educada bajo los preceptos que eran tendencia desde el siglo XVIII: religión, castidad y sapienza de las labores de un ama de casa.
Sin embargo, luego de su matrimonio, se vuelve el arquetipo de la mujer del XIX: abierta a la pasión, dispuesta a la emancipación de ese papel pasivo y sumiso de siglos anteriores. Entonces, tenemos en Emma a un personaje que representa fielmente al Romanticismo y esa transición de siglo.
Ella comienza a rentar novelas amorosas como si se tratara de un Videocentro/Blockbuster antiguo. En la librería de la ciudad donde se establece con su esposo Charles, se lee todas las narrativas disponibles y cada semana acude a la librería a cambiar los títulos por nuevas aventuras.
Pues bien, todo esto termina por mermar su realidad, haciendo que todo quede absolutamente idealizado. Peor aún cuando ella y Charles reciben una invitación para un baile de gala en un castillo. Emma quedará soñando con la vida cortesana y estas noches fantásticas donde la música, las conversaciones, la comida y sobre todo la noche eterna, son los puntos a destacar.
Luego, conforme su vida transcurre, Emma se da cuenta de la monotonía que hay a su alrededor. Sobre todo en su esposo Charles, que no parece tener sueños y sólo vive el día a día ejerciendo su profesión. Además, de acuerdo con la narración, como Emma no se quejaba abiertamente (sólo se ponía de mal humor) y vivía en una rutina de "esposa fiel" (comillas, ¿eh?😉), Charles creía que ella era feliz y por tanto se daba por satisfecho.
En general las personas que viven alrededor de ellos son personajes que también se dedican a vivir el día a día, con algún hecho divertido que contar pero no llega a ser algo destacable. Y esto es a propósito, pues la realidad de ese pequeño poblado no compite con la velocidad y exigencia que se vivía en la capital francesa. 

Sueños deshechos

Como ya se mencionó en el punto anterior, tenemos a Emma Bovary chocando con lo que es su realidad. Es así que en el punto crítico de la acción, rápidamente pensé en cómo ella estaba sufriendo esa "resaca" tras leer literatura del Romanticismo. Es ahí donde sigue siendo vigente esta obra.
A todos nos llega ese momento donde nos "traumamos" con libros y poemas del siglo XIX, donde la ira, la tristeza, el amor, la alegría y demás sentimientos van a tope. Luego de que pasan esas olas de sensaciones divertidas con los personajes y que tratamos de hacer de nuestra vida algo hiperbólico, bajamos a vivir nuestro Realismo.
Es decir, todos esos ideales bajan de revoluciones y empezamos a analizar fríamente lo que tenemos a nuestro alrededor. Nuestras metas se empiezan a llenar de caminos accidentados, sufrimos por alcanzar objetivos y tarde o tempranos nos proyectamos al futuro con angustia: ¿qué voy a hacer con mi vida?
Aparte de ello caemos en esas problemáticas preestablecidas por la sociedad antes de que nacieramos: hay que estudiar, hay que trabajar. Para comer se necesita dinero, para tener casa se necesita dinero... Y muchas otras cosas más. 
Claro que a muchos no se nos quita lo idealistas y de algún modo es gracias a que seguimos relacionados con el arte. Le da algo de sentido a nuestras vidas. Y aunque todos tenemos nuestra etapa romántica, de vez en cuando hay que tener ese toque realista.

Hay inifinidad de análisis sobre otros temas de la novela, como las aventuras de romances, la insatisfacción, el egoísmo e incluso la comparación de Emma Bovary con Don Quijote. Sin embargo esta entrada quería que fuera exactamente del punto que movió las campanas en mi mente.  

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